Sánchez Sáinz, M. (2019).
Pedagogías queer
¿Nos arriesgamos a hacer otra educación?

Madrid: Editorial Catarata. 158 páginas. ISBN. 978-84-9097-829-0

Fiorella López López

Máster Calidad y Mejora de la Educación en la Universidad Autónoma de Madrid

Orientaciones para la implementación de las pedagogías queer en la escuela

En el ámbito educativo, la teoría queer ha tenido una influencia significativa que ha dado lugar al surgimiento de la pedagogía queer, un campo de estudio novedoso. El término queer, tomado del inglés, se define originalmente como “raro” o “extraño”, y fue utilizado como un insulto o calificación ofensiva hacia las personas que no encajaban en los estándares de la heteronormatividad. Posteriormente, el término fue resignificado desde el movimiento y la teoría queer, como una forma de apropiarse del insulto, convirtiéndose desde entonces en un término afirmativo de auto-identificación.

En Pedagogías queer: ¿Nos arriesgamos a hacer otra educación?, Mercedes Sánchez, pedagoga y activista, centra su propuesta en repensar la educación desde las pedagogías queer, entendiendo estas como una caja de herramientas para combatir la homogeneización cultural, y cuestionar los discursos y prácticas institucionalizadas en torno a las identidades y la diversidad. El objetivo que persigue Sánchez no es ofrecer un manual de teoría o una guía de aplicación, sino brindar ideas u orientaciones que contribuyan a poner en práctica las pedagogías queer. Con este propósito, desarrolla ideas en torno a elementos clave del sistema educativo como, por ejemplo, las políticas educativas, la formación del profesorado, el currículo escolar, los libros de texto, la organización de los espacios escolares y el rol docente. Sobre estos distintos temas, la autora combina apuntes teóricos, preguntas reflexivas, estrategias y ejercicios prácticos que, en conjunto, brindan conocimientos y recursos al profesorado para la aplicación de las pedagogías queer en su aula y escuela. En el prólogo, Val Flores, docente y activista argentina, apunta que queerizar las prácticas educativas, más que una definición o una teoría, constituye una práctica para desestabilizar el mandato de normalización y las formas habituales de relacionarnos con el conocimiento escolar. El concepto de normalización es central en el trabajo de Sánchez, pues tal como señala Flores, el libro plantea “un abrumador estado de la situación de la normalización en las escuelas, sus efectos, sus daños, sus violencias, sus silencios” (p. 12). Sánchez parte de un análisis de las relaciones y prácticas normalizadoras que se desarrollan en la escuela, basadas en cánones normativos y mandatos sociales. En base a este análisis, sostiene que la escuela replica y sostiene las diferentes prácticas de exclusión y discriminación que están presentes en la sociedad, promoviendo y validando la homofobia, el clasismo, el racismo, el capacitismo, el etnocentrismo, y excluyendo a todo aquel que se encuentra fuera de los valores sociales hegemónicos.

A través de una serie de ejemplos y relatos de experiencias propias, Sánchez muestra cómo en la escuela se refuerzan ideas dominantes sobre la masculinidad y la feminidad, se excluyen las disidencias sexo-genéricas, se validan las prácticas de acoso hacia la población LGBT, se reconoce un único modelo de familia basado en la biparentalidad, se invisibilizan ciertas culturas y saberes, se promueven prejuicios hacia las personas cuyas capacidades no son normativas, se considera a niños y niñas como seres pasivos y no como sujetos autónomos con capacidad de deliberación. La autora sostiene que la escuela replica un orden simbólico, presente también en la sociedad, en el cual algunos sujetos están dentro y otros fuera en base a concepciones de lo normal/a-normal. En este orden simbólico, la normalidad genera desigualdades y exclusión social.

Frente a esta situación, Sánchez plantea la importancia de desarrollar un sentido crítico sobre los principios de normalización que se desarrollan en la escuela, así como sobre los propios prejuicios y estereotipos que cada uno lleva consigo al ser parte de este sistema. Asimismo, llama la atención sobre la importancia de ser consciente del rol que juegan las leyes educativas y los partidos políticos, pues estos no son neutros, sino que buscan preservar un orden social establecido. De igual manera, plantea la necesidad de realizar una profunda reflexión sobre lo que debe contener un currículo oficial, pues los actuales contenidos curriculares impartidos en la escuela invisibilizan y jerarquizan realidades en aras de un saber universal. Lo mismo sucede con el currículo oculto y los libros de texto. De acuerdo a la autora, estos últimos “invisibilizan y estereotipan cuerpos, capacidades, orientaciones e identidades por medio no solo de sus palabras escritas, sino también de sus representaciones gráficas” (p. 46). Sánchez plantea además una serie de preguntas y reflexiones ligadas a la noción de la diversidad. ¿Qué se entiende por diversidad cuando se la nombra dentro del sistema educativo?, ¿este concepto refiere acaso a un colectivo constituido por “los otros”, es decir aquellos que quedan fuera de los parámetros de la norma? A partir de ello, la autora problematiza las nociones de tolerancia, inclusión e integración, entendiéndolos como conceptos que buscan la domesticación de las diferencias y el mantenimiento del actual sistema educativo, amparado en el principio de la normalización. La propuesta de las pedagogías queer, de acuerdo a Sánchez, se dirige a cuestionar y replantear el principio de normalización en sí mismo. Por ello, se enfoca en el análisis de opresiones y privilegios, el cuestionamiento de las estructuras normativas existentes en la educación, y la visibilización de identidades hasta el momento excluidas.

Para la implementación de las pedagogías queer, la autora desarrolla un conjunto de orientaciones, explicando objetivos, contenidos, metodologías, actividades y recursos que utiliza en sus clases como profesora universitaria, en talleres de infantil y primaria, y en cursos de formación del profesorado. Asimismo, brinda sugerencias para incidir no solo en el aula, sino a nivel de centro educativo, abordando aspectos ligados a la elaboración de los documentos del centro, el uso de los espacios, la vestimenta y la implementación de los contenidos curriculares. La autora no deja de ser consciente de las dificultades que conlleva la implementación de las pedagogías queer en el aula y la escuela, debido principalmente a los hábitos instalados en las prácticas docentes y a los esquemas impuestos desde las políticas educativas. Sin embargo, considera que es necesario tener presente que la educación tiene un gran poder de transformación y que todo docente tiene “un margen de acción para idear otras formas de hacer” (p. 98). 

Entre los méritos que se pueden atribuir al libro, cabe destacar principalmente dos. En primer lugar, amplía el corpus de investigaciones sobre la pedagogía queer que existe en el contexto español, con lo cual desarrolla temas históricamente excluidos no solo del currículo escolar, sino también de la formación inicial docente y, en general, del sistema educativo. En segundo lugar, ofrece un pormenorizado análisis del funcionamiento del sistema educativo en tanto reproductor de estereotipos basados en el género, el origen étnico, la edad, las diferencias de clase, cuerpos y capacidades. Además, plantea que, si bien las escuelas reproducen desigualdades existentes en el ámbito social, pueden ser también espacios transformadores que habiliten otras realidades y saberes. En ese sentido, el libro brinda un valioso aporte a los docentes, equipos directivos y tomadores de decisiones en políticas públicas, para la mejora del funcionamiento de las instituciones educativas y el rol del profesorado como agente de cambio social.

 


CÓMO CITAR: López López, F. (2024). Reseña: Pedagogías queer ¿Nos arriesgamos a hacer otra educación?, de Mercedes Sánchez (2019). Editorial Catarata. Revista Pensadero: Conocimiento Docente, vol. 2, 128-129. Recuperado de https://revistapensadero.org/